recónditos
Hola Alvaro, esta mañana amaneció con un aguacero de una intensidad sorprendente. En Marsella llueve muy poco, con decirte que a cada vez que caen unas cuantas gotas pienso en un señor de edad que sufre porque su jardin no recibe suficiente agua, sus rosales no floreceran el año entrante si las cosas siguen así. Es el mismo quien decidio utilizar una agenda unicamente para anotar los dias en los que llueve.
Acordandome de la lluvia mientras veía llover, pensé en compartir contigo ésta, mi lectura y último descubrimiento
(hice lo que pude porque la traduccion fuera potable, pero soy consciente de que sigue dejando mucho que desear)
“Debía escribir algunas palabras, pero tuve que buscar las pantuflas de Louise, y me encuentro de pronto recorriendo la casa, dándome cuenta de que es necesario mirar bajo los muebles, ahí donde es posible encontrar los más bellos objetos cotidianos, los que se hacen sentir necesarios para siempre. Querría la cucharita tan suave con los labios, de la que hay que desconfiar: la lengua no puede impedirse ir a la busqueda de la irregularidad pequeña e hiriente: allí está. Querría la canica que parece contener lenguas de fuego y un poco de humo: ahí está. Es así que se esconden los tesoros. Es así que hay que comenzar a buscar lo que sea, y claro está, las pantuflas de Louisette, lo que falta en el buffet, en la biblioteca, en el botiquín y antes que nada en la memoria. Esos lugares, mas o menos numerosos según la configuración de la casa, más o menos preservados, sirven de antecámara, de purgatorio, de espacio adventicio. Ellos regeneran nuestros principios más gastados, le devuelven a los objetos su naturaleza primitiva dándoles una nueva utilidad. Estos lugares constituyen igualmente, claro está, la camara que antecede el olvido total, la pérdida completa. Pero cuando la mayoría de los cofres están socavados, basta con ponerse en cuatro patas y mirar bajo los muebles, en los intersticios de las poltronas, detrás de los guardaescobas y entre las planchas del piso. El oro que allí crece tiene el valor de la arena, lo que equivale a un valor inestimable. “
En Vida- Eugène Savitzkaya
Te dejo con estas palabras prestadas, tergiversadas pero adoradas, no sin antes decirte que busco una formula que me permita una alimentacion mas asidua de nuestra embarcacion, pero por el momento, con tan poca lluvia, los jardines penan de aridez.
Abrazos y centellas
natalia